Animación a la lectura para niños y niñas: la lectura compartida

Animar a los niños a la lectura debería ser nuestra obligación y responsabilidad. El acto de leer, la afición a la lectura, no debe verse como un complemento o una simple actividad extra: debería formar parte de la educación y de la vida de nuestros hijos de igual forma que actividades tan cotidianas e importantes como dormir, comer, ir a la escuela, etc.




Pero, muchas veces, a la hora de enfrentarnos a esta situación, nos preguntamos: ¿Cómo lo hago? ¿No es demasiado pequeño? ¿Le gustará? ¿Y si no le gusta y prefiere hacer otras cosas?

En mi experiencia como profesor y como padre la clave está en no forzar a los niños a hacer algo que no quieren: es decir, no los obliguemos a leer o a que cojan un libro si en ese momento quieren hacer otras cosas.

Algo muy importante que he aprendido en estos años como profesor y como padre es que los niños hacen lo que ven en casa, por eso si tú no lees, si tú no tienes el hábito de la lectura, difícilmente va a adquirirlo tu hijo. Obviamente, esto no siempre es así. En mi caso, mis padres no leían nunca en casa y, en cambio, desde muy pequeño fui un ávido lector. Pero, para mí, el amor por la lectura llegó más tarde y por otros medios: mi abuela, mi maestra en la escuela, la biblioteca, …

No obstante, si lo que pretendemos es que nuestros hijos adquieran este hábito desde pequeño y vean la lectura como una parte fundamental de sus vidas, debemos leer en casa, debemos leer delante de ellos y, por supuesto y más importante, debemos leerles a ellos. Un niño pequeño nunca va a decir que no a un cuento contado por sus padres. ¿Esto es porque tienen un sentimiento natural por la literatura? No. Esto es, en mi opinión, por dos razones: la primera es que son muy curiosos y quieren escuchar y ver cosas nuevas; la segunda, y la más importante, es que el rato que pasan escuchando un cuento es el rato en el que están con su padre o con su madre; es el momento en el que les hablamos directamente, en nuestros brazos, cuando más atentamente y más dispuestos están a escucharnos. Este momento es clave para reforzar un lazo entre padres e hijos y, como no, entre niños y literatura.

Por eso, crear un ambiente apropiado para la lectura es importante: elige un momento concreto del día (no solo la hora de dormir, ¡los cuentos no son solo para domir!), un lugar, un tema, …

Además de lo dicho, recomendamos algo conocido como «lectura compartida». La «lectura compartida» es la actividad en la que un adulto lee en voz alta a un niño o niña. En esta lectura, el adulto debe incluir acciones como señalar, nombrar o preguntar y contestar a preguntas con el objetivo de convertir la lectura en una experiencia interactiva.

Varios estudios han demostrado que esta experiencia es decisiva en el desarrollo del lenguaje del niño, algo fundamente para, por ejemplo, aprender al leer y poder rendir adecuadamente en el colegio. Algunas estrategias para hacer la lectura más beneficiosa:

1. Pregunta y vuelve a preguntar al niño sobre lo que hay en el cuento. Esto estimulará el lenguaje y la imaginación del niño. Preguntas, por ejemplo, sobre las ilustraciones del cuento: «¿Dónde está el mono?», «¿Qué está haciendo?», «¿Cuál es este animal?», «¿Y cómo hace la gallina?», etc.

2. Ayúdalo a responder correctamente y estimúlalo. Por ejemplo, comienza frases para que él las termine, dale más información, …

3. Repite y expande el contenido de lo que diga el niño. Si el niño dice «Es un mono», pregúntale, «¿Y cómo es?», «¿Qué está haciendo?», «¿Está dormido?».

4. Presta atención a sus intereses y motívalo. Si algo le llama la atención en el cuento, síguelo, explota ese punto, añade información sobre eso que le ha llamado la atención.

5. Y, por supuesto, elógialo, aplaude cada acierto y cada ocurrencia para motivarlo y reforzarlo.




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