Buscando la emancipación

Emanciparse significa liberarse de cualquier tipo de dependencia o de subordinación, es decir, es convertirse en alguien independiente y autónomo. Desgraciadamente, las mujeres seguimos sin ser ni independientes ni autónomas, aunque a veces podamos pensar lo contrario, porque el machismo tiene muchos disfraces que le ayuda a camuflarse y hacerse invisible: el disfraz de mujer realizada que trabaja fuera de casa, pero que en realidad su jornada continúa en el hogar con las labores domésticas y de cuidados. El disfraz de mujer que puede llegar a ser directiva, cuando la inmensa mayoría de esos cargos lo ostentan hombres. El disfraz de mujer segura, pero que cuando es tarde debe volver a casa en taxi por miedo a ser agredida. El disfraz de mujer liberada sexualmente, pero que la llaman zorra por tener una vida sexual activa. Y así podríamos continuar hasta rellenar páginas de ejemplos en los que la situación de las mujeres es muy distinta a la de los hombres.




Por eso, el Día Internacional de la Mujer (en su comienzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora) conmemora la lucha de las mujeres para conseguir la igualdad de derechos, la emancipación y el desarrollo íntegro como persona.

Consideramos importante celebrar este día porque visibiliza y reivindica la lucha feminista desde lo institucional, ya que los propios Estados reconocen que esa lucha debe seguir adelante y nos brindan su apoyo. Cierto es que se trabaja por la igualdad todos los días porque ni la dominación masculina ni el patriarcado se van de vacaciones, pero como hemos dicho, es un día para visibilizar las reivindicaciones de las mujeres a nivel mundial.

Ojalá llegara un día en el que no tengamos que celebrar el Día Internacional de la Mujer porque eso significaría que las mujeres de todo el mundo hemos conseguido la emancipación. Y preciasamente por eso no hay un día del hombre, porque no es necesario, porque no han sido discriminados sistemáticamente a lo largo de la historia por el simple hecho de ser hombres. Y no solo es discrimación lo que las mujeres soportamos, sino también dominación, violencia, acoso, invisibilización y un largo etcétera.

Como vemos, no podemos separar feminismo y Día Internacional de la Mujer. Durante la Revolución francesa, las mujeres tomaron conciencia de que la lucha de clases no contemplaba a su género, por lo que en 1791 Olympe de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, convirtiéndose en uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina e igualdad de derechos entre mujeres y hombres, así como el sufragio femenino.

Pero no es hasta el año 1909 cuando en Nueva York las socialistas organizaron el Día Nacional de la Mujer en honor a la huelga que el año anterior montaron las trabajadoras del textil para protestar por las penosas condiciones de trabajo.

Al año siguiente, en 1910, se organizó la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, reiterando la demanda del sufragio universal para todas las mujeres y se propone el 8 de marzo como el día de la mujer con el objetivo de promover la igualdad de derechos y el sufragio femenino. Así, como consecuencia de esta conferencia internacional, el 19 de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día Internaciona de la Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines multitudinarios (más de un millón de participantes) donde se exigieron el derecho al voto de las mujeres y la posibilidad de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Es en 1914 cuando en Alemania, Suecia y Rusia se conmemoró por primera vez, de manera oficial, el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, mientras que en los demás países europeos las mujeres organizaron mítines.

En España la primera vez que se celebró el Día Internacional de la Mujer fué el 8 de marzo de 1936 (durante la Segunda República Española), liderado por la dirigente comunista Dolores Ibárruri, “la Pasionaria”.

Y aunque el Día Internacional de la Mujer ya se celebraba en muchas partes del mundo, no fué hasta 1994 cuando al fin se estableció por primera vez en los Estados Unidos de América. Así, poco a poco, el Día Internacional de la Mujer ha ido adquiriendo a lo largo del siglo XX una dimensión mundial.

Como vemos, el feminismo no es una moda de ahora, sino que se remonta siglos atrás y que tiene como objetivo conseguir la igualdad entre mujeres y hombres y eliminar las diferentes formas de sexismo.

Por eso, desde muchos sectores del feminismo se consideran importantes las reivindicaciones que se llevan a cabo el 8 de marzo, porque es una reivindicación global, porque el machismo es global, porque aunque se trabaje por la igualdad de género todos los días tenemos una cita mundial que permite visibilizar todo el camino recorrido y todo lo que queda por recorrer.

Y como el feminismo desestabiliza los pilares de la dominación masculina y cuestiona el privilegio de los hombres, ahora en tiempos de Covid se criminalizan las manifestaciones feministas (y no otras aglomeraciones como mítines de extrema derecha o conciertos multitudinarios) tachándolas de irresponsables y considerándolas un peligro de sanidad pública. Desde el patriarcado y la misoginia toman como excusa la pandemia para silenciar las voces feministas.

Por lo tanto, que las manifestaciones del Día Internacional de las Mujeres moleste y consecuente se hable de ello, indica que vamos en la dirección adecuada, porque estamos molestando a quienes quieren dominar, porque estamos cuestionando su poder y porque el día que no nos llamen histéricas, reprimidas o con otros calificativos peyorativos, significará que nuestra lucha ha acabado y que tantas mujeres asesinadas a manos de la inquisición, de soldados o incluso de sus propias parejas habrá terminado. Y ya no tendremos miedo de ir solas por la calle, no nos violarán ni nos mutilarán, podremos decidir sobre nuestros cuerpos, habrá igualdad salarial, no tendremos que elegir entre crianza y realización profesional, nuestras voces no valdrán menos, anónimo no será nombre de mujer y en definitiva, seremos quienes queramos ser.

Sonia Muñoz Prián




¡Comparte!
Esta página utiliza cookies y otras tecnologías para mejorar la navegabilidad por la web.    VER
Privacidad