El patio de mi colegio

El colegio donde estudié era exclusivamente femenino. Todas las alumnas éramos niñas. No fue hasta finales de los 80 cuando empezaron a entrar los primeros niños en las aulas. Y recuerdo que poco a poco, el uso del patio durante los recreos empezó a cambiar.




Nosotras jugábamos por todo el patio. En una parte jugaban al elástico, en otra a zapatito lila, en otra a la comba, en otra al pañolito, al tocadé… ninguna zona era exclusiva para una actividad ni pertenecía a ningún grupo.

Teníamos canastas y aveces alguna llevaba un balón de baloncesto y jugábamos a la canasta pero sin expulsar a nadie del área y teniendo cuidado de no hacer daño a nadie, sobre todo a las más pequeñas.

Hubieron unos meses que un grupo de nosotras usábamos una de las pistas de baloncesto para jugar al matar. Jugábamos niñas de todas las edades y cuanto más gente se uniera, mejor, pues así no acabaría la partida cuando acabara el recreo. Al inicio del juego se elegían dos capitanas que iba eligiendo equipo entre las participantes. Si llegabas tarde, no pasaba nada porque ya las capitanas se encargaban de colocar las nuevas jugadoras en un equipo u otro para equilibrarlos.

Cuando los niños llegaron al patio de las “mayores” (el patio para la primaria, la secundaria y el bachillerato) se fueron produciendo unos cambios. Una de las pistas deportivas, la convirtieron en pista para el fútbol colocando hasta porterías con su red y todo. No tardamos en ver cómo esos pequeños niños de 6 añitos jugaban al fútbol e imitaban los comportamientos de los futbolistas profesionales. ¡Qué garciosos! Pensaba la mayoría. Nosotras les dimos su espacio, pues el patio era bastante grande y, total, podíamos prescindir de esa zona para dejársela a los pequeños.

Pero los pequeños crecieron.

A medida que iban creciendo sus partidos de fútbol eran más acalorados y no era raro verlos pelear: que si eso era falta, que si era penalti, que eso no vale… En definitiva, copiaban esos comportamientos, a veces violentos, de sus ídolos.

Utilizar las gradas tras las porterías era un odisea, pues corrías el riesgo de llevarte un balonazo. Y es que ya esos niños tiraban unos cañonazos bastante potentes. Nada que ver con esos niños de 6 añitos.

El culmen de todo vino cuando en el año 2000 entraron niños en primero de bachillerato. Entonces observamos cómo los nuevos chicos de 16 años desplazaban a los de 12 años que hasta entonces habían sido los pioneros en eso del fútbol en el patio del recreo y llevaban desde ya 9 años en el colegio. Con sus más y sus menos consiguieron apañarse, pero eran los mayores quienes manejaban las riendas de los partidos.

De este hecho, que no es aislado, podemos sacar varias conclusiones. Cuando los colegios son mixtos se produce en el patio una especie de “futbolcentrismo”. De hecho el 80% de los patios de los colegio son futbolcéntricos.

Esta distribución de los espacios relega a las niñas y a los niños que no juegan al fútbol a la periferia. Afortunadamente, el colegio al que asistí era enorme, con varios espacios. Tenía un pinar, una huerta donde las monjas tenían árboles frutales, zonas techadas, etc. Pero la mayoría de las escuelas no son así, sino que el patio de recreo se reduce básicamente a la pista de fútbol y poco más. Por ello, quien no juega al fútbol se ve en la obligación de realizar actividades más estáticas y a ocupar una menor proporción de espacio en la periferia.

Es innegable que el momento de ocio en el recreo es también un momento educativo importante pues el alumnado socializa, juega, comparte, se emociona… Y es un error que nuestro patios sean futbolcéntricos pues no aprovechamos todo el pontencial que brindan esos momentos y espacios.

Y es que el reparto de los espacios es una construcción social que sigue una lógica patriarcal y niños y niñas van aprendiendo cual es su lugar. Asistimos a una división entre público y privado, central y periférico, privilegiado y marginal, importante y banal, masculino y femenino.

Por eso es necesaria una reflexión sobre los patios de las escuelas y reconstruirlos para hacerlos lugares más habitables para todas las personas que lo usan. El juego es un derecho de todas las niñas y de todos los niños y todos los juegos e intereses tienen el mismo valor.

Es imprescindible mencionar este experimento: “Cambiamos las dinámicas cotidianas del patio, instalando en el centro de la pista de fútbol unos elementos de juego modulables. Mediante un sistema de monitorización, pudimos comprobar cómo rompiendo el ‘futbolcentrismo’ se pueden conseguir dinámicas más igualitarias: las niñas aumentaron la actividad física y su movilidad por el espacio, hubo más interacciones entre niñas y niños, con un juego más compartido, y el patio fue ocupado de manera más equilibrada por todo el alumnado”, explica Dafne Saldaña, arquitecta, al diario El País1.

No se trata de prohibir el fútbol en los recreos, sino motivar a los estudiantes a realizar otro tipo de actividades más igualitarias y que aporten beneficios para todo el alumnado. Que muchos niños presenten una incapacidad para disfrutar con otros juegos que no sean el fútbol, es una limitación que se debe superar para un desarrollo íntegro de la persona.

Así, para poder vislumbrar posibles déficits en nuestro sistema educativo, es esencial incluir la perspectiva de género aplicada a los patios de las escuelas, porque así podemos ver situaciones que pasan desapercibidas, que son invisibles porque las hemos naturalizado de tal manera que nadie se extraña de ello.

No veo mejor manera de terminar este texto con las palabras de la arquitecta Julia Goula.

“Pensar los espacios con criterios de género quiere decir justamente reconocer la interrelación entre su estructura y la de la sociedad, entendiendo que condicionan nuestra forma de vivir y de relacionarnos. Significa reconocer que si los diseñamos en términos ‘neutros’ estamos dando prioridad a las experiencias y criterios de una minoría y, por tanto, excluyendo al resto de personas. Cuando diseñamos con criterios de género buscamos conseguir la igualdad respetando las diferencias, recuperar los valores orientados al bienestar, a los cuidados y a la gestión de la vida cotidiana. En definitiva, garantizar el acceso, uso y disfrute de la ciudad para todas las personas en igualdad de oportunidades2.

Fuentes:

https://ia800607.us.archive.org/25/items/ElPatiDeLescolaEnIgualtatEqualSaree/ElPatiDeLescolaEnIgualtat201707_EqualSaree.pdf

https://elpais.com/elpais/2015/11/19/buenavida/1447948467_335095.ht

1 https://elpais.com/elpais/2019/04/25/buenavida/1556216188_742322.html

2 https://elpais.com/elpais/2019/04/25/buenavida/1556216188_742322.html




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