Escuela pública y ciudadanía

No podemos separar escuela pública de ciudadanía. En el proyecto de la ilustración se considera libre al sujeto en tanto que es él mismo quien se autogobierna, es decir, como dicho sujeto tiene capacidad suficiente para participar en la construcción de sus propias leyes que luego se les aplicará a él mismo y al resto de sujetos con quienes ha pactado dichas leyes, podemos decir que es el propio sujeto quien se gobierna a sí mismo. De este modo, su libertad radica en el derecho que tiene ante la ley que ha ayudado a redactar. Para ello, el sujeto debe tener una capacidad, debe estar dotado de unos conocimientos y de una razón, de una mayoría de edad en cuanto que no depende de otros agentes externos para pensar. Ese sujeto libre no deberá estar bajo el yugo del padre, del marido, del amo o de la religión, entre otros. Esta mayoría de edad, esa capacidad para razonar, no se podría conseguir de otra forma que no fuese en una igualdad de condiciones que solo una educación pública puede ofrecer.




Esta idea de ciudadanía es imposible en nuestro mundo capitalista y patriarcal. El capitalismo convierte a los sujetos en proletarios puesto que los despoja de las condiciones básicas de subsistencia y necesita estar bajo el manto del capitalista para sobrevivir. El capitalista, a su vez, para vivir necesita seguir alimentando la rueda acelerada del capitalismo que consume cada día más los recursos naturales, pues la base de dicho sistema económico no es otro que producir para producir aún más de manera cada vez más rápida y acelerada. Sin dicha aceleración el capitalismo colapsaría y dejaría de existir.

De este modo, las personas que viven en nuestra sociedad vertebrada por un sistema económico capitalista, no puede ser libre, pues siempre estará aplastada por el capitalismo. Ni proletariado, ni burguesía ni capitalistas son libres pues deben obedecer de manera ciega a las pautas que marca el capitalismo y los mercados.

Por otro lado, otra estructura nos vertebra, al igual que el capitalismo, y es el patriarcado. El patriarcado es un sistema artificial y naturalizado, y por tanto, invisible que convierte la relación entre los seres humanos, en cuanto a sexuados, en duales y dicotómicos. Es decir, marca la existencia de dos realidades, la masculina y la femenina, el hombre y la mujer, donde el primer término domina y el segundo es dominado. Por tanto, si en el patriarcado lo masculino, el hombre, tiene el privilegio, lo femenino queda supeditado a lo masculino, la mujer queda supeditada al hombre, está a su merced y por tanto no puede ser libre. Sin libertad no hay derecho y sin derecho no hay ciudadanía.

Debemos aclarar aquí algo. Cuando hablamos de hombre (o mujer o proletario) no hablamos de un ser con cabeza, tronco, extremidades, pene u otros atributos. Sino que nos referimos a hombre en el sentido estructural, es decir, en cuanto a aquello que a un hombre lo hace hombre y no otra cosa, no a sus partes. Lo que hace a un hombre ser hombre es su construcción cultural y social. Hablamos pues del género masculino y no de un humano con cierta morfología.

Una vez dicho esto, si superamos al capitalismo y al patriarcado, podríamos estar en condiciones para alcanzar la ciudadanía. Por eso, la escuela pública es un importante camino para alcanzar la democracia, la libertad, la igualdad. Pero existe un abismo entre esa libertad e igualdad y nuestra realidad, que como bien hemos dicho está supeditada a las leyes del capitalismo y patriarcado.

Así, la relación entre escuela pública y ciudadanía son dos dimensiones ligadas. No puede haber ciudadanía democrática sin escuela pública, y sin ciudadanía, la escuela pública no tiene sentido. Este binomio inseparable nos lleva a asumir que el hecho educativo es un hecho político, es decir, todo hecho educativo institucionalizado y su currículum es una aparato ideológico que instala y perpetúa un tipo de sujeto en esa sociedad. Por otro lado, la escuela al ser pública, es decir, al ser común, perteneciente a lo público y a la colectividad, planta cara a nuestro sistema capitalista neoliberal que precisamente desgasta lo público y lo político.

La escuela pública es de todas y todos y su razón de ser tiene como fin el asegurar justicia, igualdad y democracia. Sin escuela pública es imposible un estado democrático, es imposible la ciudadanía, es imposible la justicia y es imposible la libertad.




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