Feminismo, género y patriarcado

Para poder aspirar a sociedades más justas y equitativas es imprenscindible una ideología feminista. Por ello, vamos a aclarar de manera muy resumida los conceptos feminismo, género y patriarcado. Tener claros estos conceptos nos dotará de herramientas básicas para comprender mejor el mundo y así poder actuar y pensar en consecuencia.




Aunque coexisten muchos feminismos, podemos definirlo como un movimiento político, cultural, económico y social que tiene como objetivo la búsqueda de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y eliminar la dominación y violencia de los varones sobre las mujeres.

Gracias a la influencia del feminismo hemos conseguido grades cambios sociales como por ejemplo, el derecho a la educación, el voto de la mujer, el derecho al trabajo, la igualdad ante la ley o los derechos reproductivos. Para comprender mejor el feminismo, debemos conocer las ideas de género y patriarcado.

El concepto de género es utilizado en un primer momento por los antropólogos en los años 50, sobre todo cuando John Honey propone la idea de “rol de género”. Más tarde, el psicólogo Robert Stoller (1968) define la idea de “identidad de género”, siendo el feminismo académico anglosajón de los años 70 el que impulsa el uso del concepto género, que en la década siguiente es generalizado por las ciencias sociales.

Podemos definir género como el conjunto de creencias, rasgos personales, actitudes, sentimientos, valores, conductas, y actividades que diferencian al hombre y a la mujer. Todo ello como resultado de un proceso de construcción social.

Desde la psicología, alrededor del concepto de género se articulan una serie de ideas que conforman a la persona. En un primer momento, incluso antes de nacer, hay una asignación de género según los genitales, y según esa etiqueta (hombre o mujer) se es asignada una identidad de género (esquema ideo-afectivo) la cual implica un rol de género, es decir, un patrón de conducta obligado.

Vemos por tanto que no es lo mismo sexo que género. Podríamos definir sexo como aquello que es biológico, aquello que es génetico; y género como aquello que es social, que es construido. Aunque si ahondamos en el tema podríamos ver que esta distinción podría incluso llegar a desaparecer, llegando a usarse de forma más precisa el concepto de sistema sexo-género.

Sociólogas e historiadoras feministas consideran el género como un elemento estructurador de las relaciones sociales, que determina las interacciones entre los seres sexuados que somos. Esas interacciones son la forma primaria de establecimiento de las relaciones de poder asimétricas.

Por ello, debemos entender las relaciones de género como relaciones de poder. Analizar el género es analizar el poder, pues es imposible de comprender la relación entre los sexos despojándolas de las relaciones de poder. Cierto es que la relación entre los sexos se va resignificando y se va renegociando lo que es ser mujer y hombre. Pero aunque la relación entre hombre y mujer cambia a lo largo de los ejes espacio y tiempo, no existen sociedades matriarcales, que sí matrilineales (herencia por vía materna, pero no el poder en las mujeres). Es decir, todas las sociedades humanas son patriarcales.

El patriarcado es un concepto discutido, aunque podemos definirlo como una organización o sistema social de dominación masculina sobre lo femenino, como una relación asimétrica de poder; y que ha ido adoptando distintas formas a lo largo de la historia, siendo por tanto, un concepto universal y longevo.

Evidentemente no todos los patriarcados son iguales. Así, Alicia Puleo1 distingue entre patriarcados de coerción y de consentimiento:

*Coercitivo es cuando, por medio de leyes o normas sancionadoras (con la violencia) se dicta lo que está permitido y prohibido a las mujeres.

*De consentimiento, es cuando existe la igualdad formal ante la ley, aunque se incitan a unos roles sexuales determinados, a través de imágenes atractivas y poderosos mitos vehiculados en gran medida a través los medios de comunicación (en el caso de nuestro contexto). Este patriarcado persiste a través de la violencia simbólica2.

1 Ver Amorós, Celia: Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y posmodernidad, Cátedra (Feminismos), Madrid 1997.

2Pierre Bourdieu se refiere con violencia simbólica a la presión a la que es sometido, mediante el discurso, un individuo, y la asunción de aquél por éste. Así los dominados contribuyen a su propia dominación y ejercen un papel de complicidad activa. De ahí el concepto que acuña Puleo de “consentimiento”. Ver: VÁ‬ZQUEZ GARC‫ÍA, F. (2002) Bourdieu. La sociología como crítica de la razón. Montesinos.




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